Primero, me preparé investigando sobre la empresa. Revisé su sitio web, los productos o servicios que ofrecen y leí un poco sobre la cultura de la empresa para asegurarme de que entendía bien con quién estaba hablando.
Cuando comenzó la entrevista, me presentaron y me hicieron algunas preguntas generales para romper el hielo, como: "Cuéntame un poco sobre ti" o "¿Por qué te interesa trabajar en servicio al cliente?". Yo traté de dar respuestas claras y concisas, mencionando mi experiencia previa en atención al cliente y destacando habilidades importantes como la paciencia, la empatía y la capacidad de resolver problemas.
Luego, el entrevistador se enfocó en situaciones concretas, me hizo preguntas del tipo: "¿Cómo manejas a un cliente molesto?" o "Dime de una vez que tuviste que resolver un problema complicado para un cliente". Aquí traté de usar el método STAR (Situación, Tarea, Acción, Resultado) para organizar mis respuestas, contando casos reales de experiencias anteriores.
Me preguntaron también cómo manejo la presión o los momentos de mucho trabajo. Les conté que suelo mantener la calma, priorizo las tareas y que me siento cómodo trabajando bajo presión, ya que en roles anteriores lidié con situaciones similares.
Hacia el final, me preguntaron si tenía alguna experiencia con herramientas específicas de atención al cliente, como CRMs o sistemas de chat. Expliqué que había trabajado con algunas y que estaba abierto a aprender otras si era necesario.
Finalmente, me dieron la oportunidad de hacer preguntas sobre el equipo, el ambiente de trabajo y las expectativas para el rol, lo que me ayudó a entender mejor cómo sería mi día a día en ese puesto.