La entrevista fue un monólogo del dueño de la empresa en el que me vendió lo innovadora que era la empresa y lo mucho que estaban creciendo porque ellos lo hacían muy bien. Entrevista como tal, no hubo, sino varias horas en las que yo escuchaba cómo me vendían el proyecto y la empresa. Después de tres horas de monólogo, recibí una propuesta en firme. Segunda alerta, ya que en la oferta por escrito, habían cambiado algunas condiciones respecto a lo que me dijeron inicialmente. Pasados unos días pedí conocer personalmente al dueño de la empresa y las oficinas. La situación fue la misma, monólogo de autobombo durante horas del dueño. Ya ni preguntaba para no alargar la entrevista. Me presentó a varios directivos y parte del equipo y me pidió que me incorporara lo antes posible, incluso antes de dejar de trabajar en mi empresa. Esta segunda entrevista fue un viernes al mediodía. Al marcharme, me vuelve a reafirmar que está muy contento con mi incorporación, que me necesitan cuanto antes. El lunes a las 9, me llama el headhunter que había llevado todo el proceso y me dice que hay un cambio y que han decidido no contratarme. Las excusas no se las creía ni él mismo. ¿Motivo, explicación? Que cada uno saque sus conclusiones para saber si alguien quiere trabajar en un sitio donde el dueño toma las decisiones de este modo, jugando con la vida personal y profesional de las personas.